sábado, 31 de mayo de 2014

Día dos (31.05.2014).

Hoy se ha levantado mirándome fijamente. Parece que con esos ojos saltones me exige que le eche un par de sus escamas disecadas de colores (que tienen que saber a rayos bajo mi criterio de humano, pero para él han de ser una verdadera delicia). Creo que en realidad preferiría un buen bocata de jamón serrano con tomate -y perdóname lector si te pillo en horas intempestivas para leer suculento manjar-, pero no le queda otra que chupar las piedras de río que poco alimentan y comerse como un poseso la dosis que le suministro.

He pensado que Buscando a Nemo, no sería una película edificante para Gregorio. No sé, no es por ese espíritu de tenacidad que el pobre pez payaso muestra a los espectadores buscando a su hijo, ni por el atrayente mundo de los bancos de peces y corrientes marinas, ¡nada de eso! Lo digo porque como le dé al señorito Gregorio por intentar saltar del acuario rumbo a la piscina, lo va a tener crudo: Primero porque está echa una pocilga y moriría por un exceso de nitritos y un colocón de amoniaco del quince y segundo porque tiene un paseillo hasta llegar a la misma, con lo cual, estoy seguro de que sería presa de cualquier gato que merodea por el patio. Así pues, película descartada.

Hoy le veo bastante inquieto, creo que está intentando hacer memoria; a lo mejor está pensando en si el ánfora estaba así desde el primer día, o si las piedras estaban más ricas anoche. Sea lo que sea, le tocará pensarlo mañana, por hoy, ya es hora de dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario