jueves, 29 de mayo de 2014

Nota introductoria -ojo al dato-.

No tengo ni puñetera idea de por qué lo estoy haciendo, y siendo sincero, yo creo que él tampoco tiene ni pajolera idea de lo que hace. Ante todo, querido/a lector/a (y señor que introduce las barras) en este blog no va a encontrar relatos dignos de ser leídos en las convenciones literarias, ni best-sellers como La curva de tu sonrisa (una novela fantástica de la que no puedo decir más porque soy el autor).

La cuestión es que hoy, cuando puse rumbo a la tienda de animales, me puse a contemplar con fascinación a la mayoría de los peces de agua fría, hasta que me topé con este ser. Lo tenía claro: este Giganturidae no es como los demás, el sinvergüenza piensa. Así pues, tomé mis dos euros con ochenta y cinco céntimos y puse rumbo a su nuevo hogar.

Ahora mismo estoy abriéndole un blog (¡toma ya! Un pez bloguero) con su consentimiento pleno, como ya os he citado antes, sé que piensa y que está conforme con la decisión que he tomado. Por mi parte, solo queda mi labor de transcripción de pensamientos diariamente.

Un saludo de mi parte y un aleteo-cabezazo contra el cristal, de Gregorio.

1 comentario: